Lex Hermae

Ego, Prisca, me ordinem sodalesque fideliter adiuvare me vivo hac re iuro.

dilluns, 25 d’agost de 2014

Deliberationis intimae

Este verano no he tenido mucho tiempo para escribir. En realidad, simplemente he repasado -de nuevo, por enésima vez- las noveluchas de los Invocadores.

Me gusta la palabra novelucha. Define totalmente lo que es: una pretensión de novela que querría comerse el mundo, pero aún así no resulta pedante, sino que destila simpatía. Al menos esto último es lo que me gustaría creer.

He decidido que este blog no va a ser uno de tantos que dan su opinión a otros libros, a no ser que el libro en sí lo merezca (autores noveles a los que me gustaría ayudar o algún clásico que quedó enterrado bajo kilos y kilos de papel de best-sellers de los que nadie se acordará dentro de un año). ¿Y por qué no voy a dar mi opinión? Porque, sencillamente, al mundo le importa bien poco mi opinión.

Lo único que puedo hacer con este blog es llenarlo de mis creaciones, exponerlas al ojo crítico de los lectores cibernéticos y que ellos decidan si vale la pena seguir leyendo mis historias o no con un simple clic. 

No me importa si no hay opiniones, no pasa nada si no hay visitas. Un día alguien -un escritor de los buenos- me dijo que una historia escrita no debe quedarse olvidada en un cajón, y esto es lo que hago. Dejo mis relatos libres por el mundo virtual para que puedan encontrar lectores que los sepan apreciar. Es lo único que puedo hacer por ellos.

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