Lex Hermae

Ego, Prisca, me ordinem sodalesque fideliter adiuvare me vivo hac re iuro.

diumenge, 5 d’octubre de 2014

Invierno humano, de Kiko Labiano

A veces hay que rebuscar entre carbón para encontrar verdaderos diamantes de lectura.







Es el caso de Invierno humano, título que va más allá de la mera metáfora, ya que describe a la perfección la sensación que embarga toda la novela.

Es un inverno largo, un frío que se te mete en los huesos y nieve que te embota el alma sin poder dejar de seguir las desventuras de los personajes, en la mayoría de casos deshumanizados y más parecidos a bestias que se mueven por instintos que verdaderas personas.

Es un marco duro y despiadado, donde la infancia se deja atrás demasiado pronto y la crudeza de la supervivencia se recrudece por el inhóspito clima y, sobre todo, por el despiadado egoísmo de los grupúsculos humanos que luchan por seguir viviendo.

La historia está contada desde diferentes puntos de vista. Nos meteremos en la piel de Myka, un niño de apenas doce o trece años que huye de un grupo que ha capturado a su familia; seguiremos a Kym, el muchacho que da caza a Myka y quiere convertirse en hombre a ojos de Padre, el líder de su pequeña comunidad; de Joanna, la mujer que mejor se ha adaptado a ese infierno helado que le ha tocado vivir; y de Jess, la joven que parece vivir en un mundo aparte, incapaz de enfrentarse a la realidad que la rodea.

La trama se va entrelazando de tal manera que los personajes no tienen más remedio que dejarse guiar por las consecuencias de un ajuste de cuentas que determinará el final de la novela.

Por otra parte, hay que admirar lo fluida que es, lo bien escrita que está y cómo las palabras van evocando ese mundo tan -por suerte- distante al nuestro. 

Yo he sufrido leyéndola, me encanta y la odio a la vez, y la recomiendo para todos aquellos que les guste sufrir con historias crudas que no destilan esperanza alguna.

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