Lex Hermae

Ego, Prisca, me ordinem sodalesque fideliter adiuvare me vivo hac re iuro.

dijous, 19 de juny de 2014

Ira - (Paz, Silencio y Amor)

Todos tenemos días malos. Y días peores, así que hay que darle la vuelta a la tortilla e intentar canalizar esas emociones negativas en algo constructivo. Por ejemplo, escribiendo un relato corto. O dos, como en este caso.

De todas maneras, aunque no sea agradable tener días de furia, hay que reconocer que son la mar de inspiradores...


Ira

- ¿Pero por qué? ¡A ellos les has dado otra oportunidad!

- ¡Nosotros no somos!

- ¡Ya paramos, ya paramos!

- ¡Pero si son ellos!

La paciencia... bien finito que se me agotó a media tarde, cuando las chirriantes voces, risas y quejas adolescentes habían llegado a su cénit.

No entendieron a las buenas que debían respetar la concentración de los demás usuarios que estudiaban para los exámenes finales, no entendieron a las malas que debían estar callados en una biblioteca, no entendieron mi grito ahogado y furioso mentando a Dios y a su puta madre para que se largaran a casa de una vez por todas. Ellos se lo buscaron.

Fue sencillo; tan sencillo como aprovechar el rato de la merienda y acercarme a la armería, una tienducha que estaba a punto de cerrar porque era un comercio inútil en ese barrio obrero. Compré una escopeta con la excusa de un regalo para mi padre y le puse mi mejor cara al tendero, que la envolvió contento en un bonito papel dorado. Antes, eso sí, me aseguré de que me explicara su funcionamiento entre risitas tontas e inocentes.

Mi rostro hierático ignoró a los chavales, que me buscaban entre miradas provocadoras, y mi compañero se afanó en retornarme el relevo. Nunca lo acepté con tanto gusto.

Entré en el cuartito donde dejaba el bolso y la chaqueta y desempaqueté mi nueva arma. Qué más me daba el futuro... sólo quería acallar aquellas voces insurrectas y malintencionadas de la sala de estudio.

Y comenzó un bellísimo baile de gritos y carreras al ritmo de dos cañonazos. Ahora sí que tenían motivos para insultarme.



2a versión del cuento, el que en realidad tendría que haber sido: (Paz, Silencio y Amor)


- ¿Pero por qué? ¡A ellos les has dado otra oportunidad!

- ¡Nosotros no somos!

- ¡Ya paramos, ya paramos!

- ¡Pero si son ellos!

La paciencia... bien infinito que jamás me fallaba, incluso en momentos como ése, cuando las chirriantes voces, risas y quejas adolescentes habían llegado a su cénit.

En calma, con todos mis sentidos puestos en la resolución de tal algarabía -aquellos chavales no necesitaban ningún sermón que al fin y al cabo no atenderían-, me senté encima de una de las mesas y busqué la solución al son de un mantra meditativo. Tantas clases de yoga y tai-chí habían dado sus frutos.

La respuesta no se hizo esperar. Las voces fueron acallándose hasta convertirse en apenas susurros de sorpresa cuando una potente luz mariana se enredó entre mi cabello repeinado. Era una nueva Iluminada circunstancial, aunque a mí aquel foco de luz me hizo sentirme más como Beyoncé, pero sin ventilador que removiera mi pelo electrificado.

- Paz, silencio y amor, chavalines - mi voz tranquila sonó armoniosa y suave.

Salí de la sala. Era la hora de mi merienda y necesitaba un buen café que me espabilara. Todos me siguieron embobados, como los niños de Hamelín, hasta la cafetería del centro, aunque yo lo único en lo que pensaba era cómo narices iba a quitarme esa electricidad estática del pelo.

Mi gozo en un pozo. Observando mi reflejo en la mesa de aluminio, dejé de ser Beyoncé. En realidad, me parecía más a un Espinete Divino.

¿Cuánto duraría la Iluminación Trascendental en irse? Tanto yoga y tai-chí tenían sus efectos secundarios...

1 comentari:

  1. Jajaja muy bueno, realmente a veces todos tenemos "un día de furia". De alguna manera hay que sacarle partido a esa fuerza bruta contenida, y qué mejor forma que con la creatividad... Muy divertidos los dos!

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