Lex Hermae

Ego, Prisca, me ordinem sodalesque fideliter adiuvare me vivo hac re iuro.

dilluns, 9 de juny de 2014

Obsesión 7



Debo pensar…

Debo concentrarme y verlo desde puntos de vista diferentes porque no sé… no sé qué es lo que Chili espera de mí… ¿desea que acabe con ella, que la estrangule mientras su sangre brota a borbotones de su yugular seccionada por mis dientes? ¿o acaso necesita ser mi ama, maltratarme y humillarme mientras yo obedezco fielmente sus más oscuros deseos? Angelblood ya me dijo que Chili, como camarera, es conocida por su mal humor y sus palabras hirientes, incluso Raven, el jefe del Noctàmbul (el cual se pasea por su local y charla con la clientela siniestramente amigable) me comentó que la ira de Chili es el encanto del Noctàmbul, que ella es lo que en realidad buscan la mayoría de sus clientes masculinos: un icono de princesa muerta e inalcanzable que los rechace con vehemencia mientras los mira coquetamente para ganarse una propina. Pero ella no debería vender sus sonrisas a los demás, porque sólo debería sonreír conmigo.

He seguido con la mirada los movimientos de Chili durante toda la noche. Angelblood me ha preguntado si quería que me la presentara, pero yo quiero que ella me reconozca sin que haya intermediario alguno. Cuando se ha acercado para tomarnos nota, ni siquiera me ha mirado; ha hablado distendidamente con Angelblood y algunos de sus amigos y se ha marchado con la nota de los pedidos. También he visto que se acercaba a un chico de apariencia heavy que parecía triste… Angelblood me ha confirmado que era Nuke, el gran guitarrista del grupo, que por lo visto eran pareja pero que hacía tiempo que lo habían dejado… creo que Chili aún siente algo por él, y mi fuero interno se muere de celos, aunque también me hace reír, porque un tío tan mediocre y demacrado no puede ser obstáculo para mí.

Pero ella… ¡oh, ella estaba divina! un corsé bien apretado de terciopelo negro, con unos cristalitos en el escote… la falda, amplio tul cayendo por sus caderas, tapaban levemente sus botas de alto tacón de aguja. He tenido tentación de rozar la piel de su brazo, pero me he contenido y me he conformado con vislumbrar que el sofocante calor del local ha hecho resbalar una brillante gotita de sudor por su cuello, deslizándose hacia el pecho, perdiéndose en su escote. Oh, esa imagen debería haber durado siglos…

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